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viernes

«Quiero estar soltera, pero contigo»

 «Quiero estar soltera, pero contigo»
Una escritora canadiense de 33 años, Isabelle Teissier, ha escrito una carta que ha arrasado en las redes sociales. 
En ella plantea el deseo de tener una relación con alguien combinado con la libertad de no sentirse atada.

“Quiero que vayas a tomarte una cerveza con tus amigos, para que al día siguiente tengas resaca y me pidas que vaya a verte porque quieres tenerme entre tus brazos y que nos acurruquemos. 
Quiero que hablemos en la cama por la mañana de todo tipo de cosas, pero algunas veces por la tarde; quiero que cada uno haga lo que quiera durante el día.
Quiero que me hables sobre las noches que sales con tus amigos. Que me digas que había una chica en el bar que te hacía “ojitos”. 
Quiero que me mandes mensajes cuando estés borracho con tus amigos para que me digas cosas tontas, sólo para que puedas estar seguro de que yo también estoy pensando en ti.
Quiero que nos riamos mientras hacemos el amor. Que empecemos a reírnos porque estamos probando cosas nuevas y no tienen sentido. 
Quiero que estemos con nuestros amigos, para que me tomes de la mano y me lleves a otra habitación porque ya no puedes aguantarte más y tienes ganas de hacerme el amor ahí mismo. 
Quiero intentar permanecer en silencio porque hay gente y nos puede oír.
Quiero comer contigo, que me hagas hablar sobre mí misma y que tú hables sobre ti. 
Quiero que discutamos sobre cuál es mejor, la costa norte o la costa sur, el barrio occidental o el oriental. Quiero imaginar el departamento de nuestros sueños, aun sabiendo que probablemente nunca vivamos juntos. Quiero que me cuentes tus planes, esos que no tienen ni pies ni cabeza. 
Quiero sorprenderme diciendo: “Toma tu pasaporte, que nos vamos”. 
Quiero tener miedo contigo. Hacer cosas que no haría con nadie más, porque contigo me siento segura. Volver a casa muy borracha después de una buena noche con amigos. Para que me tomes la cara, me beses, me uses como tu cojín y me abraces muy fuerte por la noche.
Quiero que tengas tu vida, para que decidas irte de viaje unas semanas por puro capricho. 
Para que me dejes aquí, sola y aburrida, deseando que salte tu carita en Facebook diciéndome “hola”.
No quiero que siempre me invites a tus juergas, y no quiero invitarte siempre a las mías. Así, al día siguiente puedo contarte cómo fue la noche y tú puedes contarme la tuya.
Quiero algo que sea simple y, a la vez, complicado. Algo que haga que, a menudo, me haga preguntas a mí misma, pero que, en el momento que esté contigo en la misma habitación, desaparezcan todas las dudas. Quiero que pienses que soy guapa, que estés orgulloso de decir que estamos juntos. 
Quiero que me digas te quiero y, sobre todo, poder decírtelo yo a ti.
Quiero que me dejes andar por delante de ti para que puedas ver cómo se mueve mi trasero de lado a lado. Para que me dejes arañar las ventanas de mi coche en invierno porque eso te hace sonreír.
Quiero hacer planes sin saber si al final los realizaremos. 
Estar en una relación clara. 
Quiero ser esa amiga con la que adoras estar. Quiero que sigas teniendo el deseo de tontear con otras chicas pero que me busques a mí para terminar la noche juntos. Porque quiero ir contigo a casa. 
Quiero ser esa a la que le haces el amor y después te quedas dormido. La que te deja en paz cuando estás trabajando y a la que le encanta cuando te pierdes en tu mundo de música. 
Quiero tener vida de soltera contigo. Porque nuestra vida de pareja sería igual que nuestras vidas de solteros de ahora, pero juntos.
Un día, te encontraré”

lunes

Una carta abierta a los hombres (feministas)

Yo me llamo feminista. Me emociono por asuntos feministas y por la lucha por la igualdad. Soy un hombre blanco, heterosexual y sin discapacidades. Este texto se dirige principalmente para hombres que cumplan con aquellos criterios. Y propone dos tareas fundamentales en nuestra lucha feminista: uno, retroceder y callarnos y, dos, hablar con otros hombres.
Alexander Ceciliasson*

Emma Watson recién dio un discurso a los delegados de la ONU y a los hombres del mundo. Afrontó (aunque de manera superficial) el antifeminismo que ha surgido en las secuelas de los éxitos impresionantes de movimientos feministas a lo largo este año. Terminó lanzando #HeForShe, una campaña feminista para hombres.
El compromiso de los hombres en los movimientos feministas es una cuestión cada vez más debatida ya que cada vez más hombres se reivindican como feministas (aunque algunos lo hacen con menos seriedad que otros). A menudo causan frustración casos de ‘feministas falsos’, y suele haber un desacuerdo importante sobre cómo debería actuar, pensar, hablar y vivir el hombre feminista.
Yo me llamo feminista. Me emociono por asuntos feministas y por la lucha por la igualdad. Soy un hombre blanco, heterosexual y sin discapacidades. Este texto se dirige principalmente para hombres que cumplan con aquellos criterios. Y propone que tengamos dos tareas fundamentales para cumplir en la lucha feminista: uno, retroceder y callarnos y dos, hablar con otros hombres.
Nuestra tarea más importante no es dar poder a las mujeres, es reducir el nuestro. Tenemos que intentar no aprovecharnos de nuestros privilegios. En realidad, suena a sentido común y empatía, ¿no? No cobrar más para el mismo trabajo.
Emma Watson afirmó (y ya lo sabíamos todos) que no hay ningún contexto cultural en este mundo que trate igual a hombres y mujeres. En algunos países los hombres y las mujeres tienen los mismos derechos. Sin embargo las posibilidades distan un abismo. Las mujeres no tienen la misma posibilidad de moverse con seguridad en el espacio público, de conseguir puestos ejecutivos en las empresas o cátedras en las universidades, etc. Tener derechos no significa nada si esos derechos no se convierten en posibilidades. Todos sabemos que las mujeres tienen menos de estas últimas y nos lo recuerdan cada día. Lo que los hombres necesitamos hacer no es centrarnos en el hecho de que las mujeres tienen menos posibilidades, sino el hecho de que nosotros tenemos más.
Tenemos tantas posibilidades que tenemos extraposibilidades.
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Hemos conseguido demasiadas posibilidades a través de robárselas a otras personas. ¡Tenemos la posibilidad de cobrar más por el mismo trabajo! Tenemos la posibilidad de dar nuestra opinión, aunque no tengamos algo muy interesante de decir. Tenemos la posibilidad de conseguir el mejor trabajo sin ser la persona más capaz, ¡la mera constatación de nuestros nombres -que nos identifican como hombres cisgénero- aumenta nuestras posibilidades de empleo! Tenemos oportunidades increíbles y son demasiadas.
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Por eso, lo primero que tenemos que hacer los hombres blancos feministas es admitir nuestras extraoportunidades (privilegios). Después, nos tenemos que abstener de ellas. Nuestra tarea más importante no es dar poder a las mujeres, es reducir el nuestro. Tenemos que intentar no aprovecharnos de nuestros privilegios. En realidad, suena a sentido común y empatía, ¿no? No cobrar más para el mismo trabajo. El tema es éste: ¿Cómo podemos hacer esas dos cosas sin pararnos, retroceder y callarnos? No veo otra manera.
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Los hombres (blancos) no tenemos ningún conocimiento o experiencia ni empírica ni emocional de ser discriminados. Por eso, en los debates sobre discriminaciones, deberíamos retroceder y callarnos.
Llegados a este punto, es necesario aclarar que esto no significa que los hombres no deberíamos interesarnos por el feminismo, o que no deberíamos discutir nada con las mujeres y con otras personas con otras identidades de género. Y la regla de retroceder y callarse no vale para todos los hombres en cualquier situación. Pero, al fin y al cabo, sí vale para todos los hombres en discusiones feministas. Sí vale para toda la gente blanca en discusiones antirracistas y para todos los heterosexuales en discusiones sobre homofobia y derechos LGBTQ. En estas situaciones debemos entregar la precendencia de interpretación (la interpretación/opinión más valorada) a otras personas. Y no solamente por ser ‘buena onda’, pero porque es en realidad lógico que lo hagamos. Tomemos un segundo para ver por qué.
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El feminismo trata de visibilizar desigualdades y discriminaciones y luchar contra ellas. Los hombres (blancos) no tenemos ningún conocimiento o experiencia ni empírica ni emocional de ser discriminados. Esa es la verdad. La única realidad que conocemos es la del hombre blanco. Y bien, cada uno conoce su propia realidad. Pero el tema es que todos los demás también conocen la realidad del hombre blanco, ya que esa realidad se está introduciendo por la fuerza en cada ciudadano/a de cada sociedad patriarcal. Cada persona española (o sueca, o brasileña) está inevitablemente impregnada por las normas, los valores y las leyes del hombre blanco. Cada persona ha visto el mundo a través de las gafas del hombre blanco. Pero no a través de las gafas de la mujer. No a través de las gafas de una persona trans o un inmigrante árabe. Por eso, cuando debatimos cosas como desigualdad, racismo, machismo, homofobia -opresión y discriminación en cualquiera de sus formas- sabemos menos que todos. Por eso nunca debemos tener la precedencia de interpretación (que se atribuyan importancia y fiabilidad a ciertos argumentos sólo por venir de hombres cisgénero), y la deben tener otras personas. Por eso deberíamos retroceder y callarnos.
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Pero, ¿no suena terriblemente injusto eso? ¿No nos sentimos como si nosotros fuésemos víctimas de discriminación? Que la opresión y la dominación siguen iguales, ¿sólo que al revés? Sí, así nos sentimos. Pero la verdad es que no es así. Aquel sentido de injusticia, de limitación, aquella opresión que sentimos es la manera en que nosotros percibimos la ausencia de privilegios. Así resulta ‘de repente’ no tener la interpretación más valorada, así es no hacer uso de un arsenal de extra-posibilidades patriarcales. Así (o peor) es la realidad para todo el mundo menos nosotros.
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Entonces quiero hacer una propuesta a todos los hombres blancos: que reflexionemos, cuando hablamos en clase, cuando discutimos con colegas del trabajo, cuando estamos en el vestuario, cuando escribimos en foros en internet, que reflexionemos sobre si estamos dando espacio a otras interpretaciones, o si estamos imponiendo las nuestras. Y sobre todo, cuando nos ‘rompen las pelotas’ por haber discutido, con las mejores intenciones, asuntos de feminismo, transfobia o racismo, y nos dicen que no sabemos nada, nos demos cuenta de que así es. No sabemos. No tenemos ninguna precedencia. Tenemos obligación de ceder el paso. Esto no quiere decir que deberías evitar discusiones y contextos feministas, sólo quiere decir que tenemos que ser conscientes de nuestros privilegios. Y, aunque sea difícil, tenemos que ser conscientes de que pertenecemos a una parte de la estructura social contra la cual el feminismo está luchando.
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Si los hombres hacemos todo lo dicho arriba, encontramos una vía tremendamente importante y poderosa de participar en la lucha feminista: el hablar con otros hombres. Rebatamos comentarios machistas. Reaccionemos cuando un hombre maltrata a una mujer o le grita piropos en la calle, discutamos cuando alguien culpabiliza la víctima de una violación. Hablemos con otros hombres sobre igualdad y feminismo, sobre normas destructivas de la masculinidad y la lucha por la misma oportunidad de dejarse sentir sensible y vulnerable. Defendamos la lucha por la oportunidad de definirse como una persona, independientemente de su género.
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Muchas voces rabiosas de tíos y chavones suelen protestar cuando alguien propone que los hombres nos callemos. Muchas voces feministas también. Las segundas tienden surgir de un miedo de “ahuyentar” a los hombres que tienen un pie en la puerta feminista pero todavía no se atrevían a entrar. Miedo de ahuyentar a hombres a quienes se necesita en la lucha feminista. Lamentablemente éste es un argumento traidor. No debemos adaptar la estrategia de la lucha feminista a personas que tienen el otro pie en el patriarcado y el racismo. Intentar hacer nuestro feminismo más “accesible” y más “adaptado a la realidad” es darle un disparo en la pierna, justamente porque la realidad es patriarcal. El feminismo es un movimiento revolucionario: pretende cambiar la sociedad desde sus fundamentos. Como tal no puede hacer concesiones con la hegemonía patriarcal y empezar a anunciarse según las condiciones de hombres con dudas.
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Todavía no parece muy claro lo que la campaña #HeForShe pretende hacer. Pero si llega a proponer algún tipo de estrategia para los hombres del mundo que quieren ayudar con el progreso del feminismo, espero que sea ésta: sentaos y callaos. Admitid vuestros privilegios y renunciad a ellos. No intentéis dar más poder a las mujeres (¡es precisamente eso lo que están haciendo ellas!). Reducid vuestro propio poder e intentad convencer a otros hombres de que hagan lo mismo.
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Admitir privilegios, renunciar a ellos y convencer a otros hombres de que hagan lo mismo tienen que ser los pilares del feminismo de los hombres. Si no hacemos eso, no estamos ayudando al movimiento, lo estamos revirtiendo. Y al final, si no quieres ser feminista por si te obliga a sentarte y callar la boca, está bien. El feminismo no te necesita a ti.
*Alexander Ceciliasson es antropólogo, activista feminista y miembro del partido Feministiskt Initiativ.

sábado

35 Cosas que lamentarás cuando seas viejo

Tarde o temprano vendrán los tiempos cuando no puedas hacer muchas cosas. Cuando algunas otras se volverán obsoletas o imposibles de realizar. 
Pero siempre habrá que recordar que mientras seas joven, la vida debe adquirir un sentido, un propósito. 
Y para llegar a ello se necesita ser proactivo, para no lamentar cosas que no hiciste o dejaste de hacer. Siempre se puede ser mejor. 
Aquí una lista de las cosas que probablemente lamentarás cuando seas más grande: 
1. No haber viajado cuando tuviste la oportunidad. Viajar es cada vez más difícil a medida que envejeces, pues tener una familia de 3 o más personas resulta más complicado que sostenerte a ti solo.
2. No haber aprendido otro lenguaje. Te arrepentirás cuando recuerdes que pasaste más de 4 años aprendiendo inglés en la escuela y no recuerdas nada.
3. Permanecer en una mala relación. Recuerda que “si decides estar en una relación infeliz, has decidido ser infeliz”. Créeme, nadie que haya salido de una mala relación en el pasado, ha volteado sin decir que hubieran deseado salirse antes.
4. Olvidar ponerte bloqueador solar. Arrugas, lunares, cáncer de piel son algunos de los padecimientos que pueden ser evitados si te cuidas.
5. Perderte la oportunidad de ir a conciertos de tus cantantes favoritos.
6. Tener miedo a hacer cosas. Siempre que mires al pasado te dirás: “¿Por qué le tenía tanto miedo a eso?
7. No poner “hacer ejercicio” como una prioridad. Muchísimas personas alcanzarán la plenitud física de su vida acostados en un sillón. Cuando llegues a los 40, 50 y más, lamentarás haberte quedado sin hacer nada en lugar de haberte cuidado un poquito. 8. Dejarte definir por roles de género. No hay nada más triste que escucharte decir: “es que en ese entonces esas cosas no se hacías así”. Atrévete a cambiar los paradigmas.
9. No renunciar al trabajo que odias. Ok, entendemos que hay que pagar los recibos, pero si no tienes un plan para mejorar, podrías despertar 40 años después viviendo en un infierno laboral.
10. No haberte esforzado más en la escuela. No es que las calificaciones te hagan más valioso, pero algún día por alguna circunstancia te dirás que habrías deseado poner más atención en clase.
11. No darte cuenta lo guapo/guapa que eres. Muchos de nosotros pasamos mucho tiempo lamentándonos por no ser tan guapos y gastamos fortunas en mejorar algo que no nos parece. En realidad, somos bellos todo el tiempo.
12. Tener miedo de decir “TE AMO”. Cuando seas grande, verás que aunque tu amor no fue correspondido, siempre habrás querido expresar tus sentimientos.
13. No escuchar los consejos de tus padres. Lo sabemos, cuando eres joven no los quieres ni escuchar, pero créenos, cuando crezcas, desearás tan siquiera poder escuchar su voz, más aún un consejo. Y lo mejor es que todo lo que te dijeron era cierto.
14. Darle mucha importancia a lo que la gente piensa de ti. Te lo juro que en 20 años ni te acordarás de lo que aquella gente decía sobre ti y que tanto te importaba.
15. Apoyar el sueño de otras personas por encima de los tuyos. Si, ayudar a otros es bueno, siempre y cuando te des también el tiempo y espacio para brillar por ti mismo/a y realizar tus propios sueños.
16. Guardar rencor o resentimiento por alguien. Eso significa dejar que alguien viva en tu cabeza sin pagar renta. No vale la pena. ¿Cuál es el punto de recordar y recordar el daño que te han hecho? Déjalo ir.
17. No defenderte. La gente grande no deja que nadie les haga algo que no quieren, tu tampoco deberías.
18. No haber hecho una actividad como voluntario. Créeme, ayudar a alguien voluntariamente a hacer su vida más placentera, es algo que jamás lamentarás. Se siente increíble.
19. No cuidar tus dientes. Cepíllate, usa hilo dental, consulta a tu dentista regularmente. Cuando seas grande y te falten 3, 4 o más dientes, habrás deseado cuidarlos más.
20. No preguntarles cosas de la vida a tus abuelos antes de perderlos. Ellos ya han pasado por donde tú vas caminando y son una fuente inmensa de sabiduría. No pierdas la oportunidad de quererlos antes de que se vayan.
21. Trabajar en demasía. Nadie que vaya a morir ha deseado haber trabajado más o haber pasado más tiempo en la oficina. Por el contrario, desearon haber pasado más tiempo con su familia, amigos, pasatiempos.
22. No saber cocinar por lo menos un platillo que te guste. Aprende a cocinar, tú mismo te lo agradecerás.
23. No detenerte para apreciar el momento. Sí, lo sabemos, los jóvenes siempre son muy activos, pero detenerte y admirar a tu alrededor es algo bueno, hazlo.
24. No terminar lo que empiezas.
25. Dejar definirte a ti mismo por expectativas culturales. Nunca dejes que te digan: “nosotros no hacemos eso”.
26. No dejar a tus amigos que hagan su propia vida. Las amistades crecen por separado. Cada quien tiene su vida y debe hacer lo que considere mejor para ellos. No dejarlos realizarse es causa de problemas y tristeza. No quieres eso.
27. No jugar más con tus hijos. Cuando seas más grande, verás cómo tu hijo pasó de “Papi porfa vamos a jugar” al “Vete de mi cuarto papá”.
28. No tomar riesgos, especialmente en el amor. Saber que te atreviste a declarar tu amor a alguien, incluso si fue el más grande fiasco de tu vida, será bien visto por ti mismo cuando eres viejo. Aplica para las cosas de la vida cotidiana. Al final lo recordarás con una risa.
29. No darte el tiempo para hacer contactos. Siempre los vas a necesitar, siempre. Así que mejor comienza a hacerlos.
30. Preocuparte demasiado por todo. Si las cosas tienen solución ¿para qué te preocupas?, y si no tienen solución, ¿para qué te preocupas?
31. Hacer más drama del necesario. ¿Para qué? Nadie lo necesita.
32. No pasar más tiempo con tus seres queridos. El tiempo que pasamos con las personas que amamos es limitado y pronto se acabará. Hazlo valer y aprovéchalo al máximo.
33. Nunca haber cantado o hablado frente a una audiencia. Sí, es muy difícil, suena descabellado. Pero atreverte te dará un empujón de autoestima increíble. Tú puedes hacerlo, aunque creas lo contrario. Te llevarás una grata sorpresa.
34. No haber hecho el amor más veces con tu pareja. El sexo es el acto supremo de felicidad y éxtasis. Más cuando se hace con la pareja que amas. Desafortunadamente tiene una fecha de expiración. Lamentarás no haberlo hecho más seguido.
35. No haber sido agradecido a tiempo. Es difícil verlo al inicio, pero eventualmente es más claro que cada momento en este mundo, desde el más mundano hasta el más increíble, es un regalo que se nos ha dado y somos increíblemente suertudos de haberlo recibido.

miércoles

Carta a Mi Hija

Querida hija:
Un día, descubrirás que tener más o menos granos no te hace peor persona. 
Te darás cuenta que “guapa” es un adjetivo que os impone la sociedad a las mujeres para ser como ellos quieren. 
Cogerás ese adjetivo, lo arrugarás bien fuerte y lo tirarás por el retrete. Porque hay otros, como ‘consciente’, ‘preocupada’, ‘solidaria’, ‘madura’ o ‘trabajadora’, que son mucho más bonitos.
Dejarás atrás a muchos de los amigos que te decían lo que podías mejorar de tu cuerpo y te juntarás con gente a la que no le importa un carajo los pantalones que te pones para salir un sábado por la noche. 

Te maquillarás, o no lo harás, pero no te sentirás mejor mujer por ello. 
Te sentirás mejor contigo misma,  cuando hagas ver a una amiga que su novio no tiene porque mandarle quinientos sms una noche para ver con quien va. 
Te sentirás una buena mujer cuando defiendas en voz alta a la chica que se dedicó a llamarte fea cuando tenía 13 años porque te darás cuenta que ellas son las principales víctimas. 
Hablando de chicos, pasarás mucho tiempo pensando que tu vida cambiará cuando llegue tu ‘príncipe azul’. Hasta que un día te canses de esperarlo, te arranques el vestido de princesa, te pongas unos vaqueros y montes tu sola en tu caballo. 
Conocerás a alguien que vaya a tu lado en tu viaje. Pero él estará en su caballo, jamás intentará imponerte su ritmo y sonreirá cuando te vea adelantarle y volar libre. Y descubrirás porque la palabra ‘compañero’ es mucho más bonita que aquel ‘novio’ que enviaba quinientos sms a tu amiga un viernes noche. 
Te dará igual llevar gafas, tener una sonrisa perfecta o que te llamen guapa.
Querida hija, me gustaría que no tuvieras que pasar por lo que te espera para darte cuenta de que lo eres. 
Me gustaría evitarte los desencuentros amorosos, el miedo volviendo a casa de madrugada, los piropos callejeros, las miles de veces que te van a llamar exagerada, las dudas que te entren defendiendo algo que solo tú comprendes. 
Me encantaría que de tu boca nunca saliera “puta” como insulto. 
Algún día cerrarás la boca a todos los que intenten dar por hecho que hay cosas que solo puede hacer una mujer. 
Confío en ti y en un futuro, serás tú la que esté escribiendo este artículo y nadie, escúchame, nadie será capaz de imponerte su verdad.

sábado

Carta de una Madre a su Hija

Carta de una madre a su hija:
 Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido... por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme.
Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame por favor y recuerdas los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida.
Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña.
Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada, recuerda mi querida que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida.
El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme.
Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante.
Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches.
Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos.
Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor.
Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija ♥.♥